Jacobo Pereira, presidente de la federación gallega de esquí náutico: "El balizamiento debe ir más allá del verano"

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El vigués Ruy Andrade (Foto Jacobo Pereira)
El vigués Ruy Andrade (Foto Jacobo Pereira)

Alfonso Hermida

Gabinete de comunicación de la Fundación Juan Tábara

La seguridad en los deportes náuticos de arrastre no debe quedar al albur de la suerte, sino basarse en la prevención, la formación y unas normas que no admiten excepciones. El responsable de la federación gallega de esquí náutico, Jacobo Pereira, defiende que el esquí náutico es una actividad altamente reglada, que se realiza mayoritariamente en embalses y ríos. Reclama una estrategia autonómica para ordenar los usos del agua, ampliar el balizamiento más allá del verano y endurecer las exigencias y las sanciones para quienes ponen en riesgo la convivencia entre bañistas y embarcaciones.

-¿Cómo se entiende y cómo se trabaja la seguridad dentro de la práctica de su deporte?

En nuestro deporte la seguridad es parte de la técnica desde el primer día. Trabajamos con una embarcación a motor, una hélice y una cuerda en tensión, así que las normas son innegociables: chaleco siempre, piloto titulado, un observador a bordo pendiente solo del deportista y motor parado cuando hay alguien en el agua cerca. Y una cosa importante: la práctica reglada se hace mayoritariamente en aguas interiores (embalses y ríos), en zonas delimitadas y controladas. Eso ya dice mucho de cómo entendemos la seguridad.

-¿Qué ha cambiado en los últimos años en la planificación de entrenamientos y competiciones?

Se ha profesionalizado mucho. Hoy no se celebra una competición sin embarcación de rescate, socorristas y coordinación previa con las autoridades del espacio donde se compite. En la enseñanza se ha normalizado el briefing de seguridad antes de cada sesión, la figura del observador y la suspensión de la actividad cuando las condiciones no acompañan. Y el material ha mejorado muchísimo: chalecos, cascos y embarcaciones específicas para estas disciplinas.

-¿Cómo se forma en seguridad a deportistas, técnicos y jueces?

Los monitores se forman en protocolos de arrastre, recogida de esquiadores caídos y primeros auxilios, porque en una escuela el monitor es también el primero que actúa si pasa algo. Los pilotos, además de su titulación náutica, necesitan saber remolcar, que no es simplemente navegar. Y al alumno se le enseñan las señas de comunicación con el barco y las normas básicas antes de tocar el agua.

-¿Qué riesgos de su disciplina siguen infravalorados o poco explicados al gran público?

La gente ve la velocidad, pero los riesgos reales son otros: la hélice, la cuerda en tensión, que puede causar lesiones muy serias si se enreda en una extremidad, y las caídas a 30 o 40 km/h, porque a esa velocidad el agua no es blanda. Por eso insistimos tanto en que estas modalidades no se improvisan: se aprenden en una escuela, con material adecuado y gente formada. El que alquila una lancha y arrastra a un amigo con un hinchable está asumiendo riesgos que ni imagina.

-En la convivencia entre deportistas, bañistas y embarcaciones, ¿hay suficiente entendimiento y respeto mutuos?

No, y es muy revelador que el esquí náutico reglado se practique sobre todo en aguas interiores: en parte es así porque la costa no ofrece condiciones ordenadas para trabajar con garantías. En el mar lo que prolifera es la práctica libre y descontrolada; hinchables, wakeboard sin observador, motos de agua entre bañistas y esa es la que genera los conflictos y la mala imagen que luego pagamos todos. Falta pedagogía, pero sobre todo falta una ordenación clara que diga a cada uno dónde puede estar.

-¿Hay una estrategia común y coordinada a nivel gallego para fomentar zonas de nado seguro?

No la hay, y ordenar bien los usos protege tanto al que nada como al que navega. Hoy cada concello baliza como quiere y cuando quiere, con competencias repartidas entre ayuntamientos, Portos, Costas y capitanías. Y en aguas interiores pasa algo parecido: cada embalse es un mundo, y en un río balizar puede ser directamente complicado, porque las crecidas y los cambios de caudal arrastran o dejan en seco las boyas. Ahí la seguridad hay que ordenarla de otra manera: por tramos, por horarios y con señalización en la orilla. Hace falta una estrategia autonómica que ordene todos los usos, y nosotros estamos encantados de aportar nuestra experiencia.

-¿Cuáles son las carencias más graves en la señalización de áreas de baño en la costa gallega?

Que el balizamiento se pone en julio y se quita en septiembre cuando la actividad en el agua dura muchos más meses, que faltan canales de lanzamiento y varada para que las embarcaciones entren y salgan sin riesgo para los bañistas, y que el mantenimiento puede ser  deficiente.

-Qué cambios normativos considera urgentes para hacer más segura la costa gallega?

Balizamiento más allá del verano, canales de lanzamiento en las playas con actividad náutica y criterios comunes para toda Galicia. Y uno que nos toca de lleno: exigir a la práctica recreativa de deportes de arrastre lo mismo que se exige a una escuela federada. No puede ser que a nosotros se nos pida y al particular con una lancha, nada.

-¿Qué consecuencias tiene que una zona esté mal balizada o sin balizar?

Muy serias. Sin delimitación clara, un bañista puede aparecer en la trayectoria de una embarcación o de un deportista remolcado, con consecuencias que pueden ser fatales y de las que respondería el patrón aunque hubiera hecho todo bien. En la práctica, la falta de balizamiento expulsa a la actividad ordenada, por eso trabajamos sobre todo en aguas interiores, y deja la costa a la práctica descontrolada, que es justo la peligrosa.

-¿Hay medios suficientes para vigilar el cumplimiento de las normas?

La Guardia Civil, la Policía Autonómica y las policías locales hacen lo que pueden, pero con 1.500 kilómetros de costa y numerosas aguas interiores es imposible llegar a todo. En la práctica, incumplir sale gratis, y eso castiga doblemente a quien cumple: asume los costes de hacer las cosas bien y encima carga con la mala imagen que generan otros.

-¿Cree que existe voluntad política para penalizar con contundencia las conductas peligrosas?

Tengo mis dudas. Este tema solo entra en la agenda después de una tragedia, y sale enseguida. Sancionar a la náutica de recreo es impopular en una tierra tan ligada al mar, y eso frena decisiones necesarias. Nosotros, aun siendo un deporte de motor, pedimos más control y más sanción para quien hace las cosas mal, porque pone vidas en riesgo y daña la imagen de los que trabajamos con rigor.

-¿Dispone su federación de un canal ágil para denunciar infracciones?

Los clubs y deportistas nos trasladan las incidencias a través de la secretaría y nosotros las derivamos a la administración competente. Pero queremos ir más allá y crear un canal específico en línea que nos permita además elaborar un mapa de puntos de riesgo, tanto en la costa como en aguas interiores. Esa información valdría oro a la hora de decidir dónde balizar y dónde vigilar, y la compartiríamos con las administraciones sin dudarlo.

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